Una de las afecciones más frecuentes que nos encontramos en dermatología cosmética es la hiperpigmentación. Se trata de trastornos de la coloración de la piel por exceso de pigmentación, bien sea difusa o localizada.
Las más frecuentes son:
- Cloasma o melasma.
- Léntigos.
- Poiquilodermia.
El cloasma o melasma es una hiperpigmentación de la piel de la cara que afecta fundamentalmente a mujeres y que cada vez es más frecuente que se presente como placas bien localizadas de color más o menos amarronado, de contornos a menudo irregulares y que afectan a la cara en forma simétrica: frente, mejillas, zona temporal y mentón.
El tratamiento de estas lesiones se basa inicialmente en despigmentantes ambulatorios a base de hidroquinona, ácido retinoico y vitamina C, en formulación magistral adecuada a cada paciente, junto a una fotoprotección efectiva oral y externa.
En ocasiones las manchas más rebeldes deben ser atacadas con soft-crioterapia, tratamiento que también realizamos en la consulta. En otras ocasiones es muy eficaz el empleo de un peeling de Urkov, a base de Resorcina a altas concentraciones.
La suplementación oral con ciertos bloqueadores de radicales libres, también es aconsejable. Otra opción terapéutica en ocasiones es el empleo de mesoterapia (Intradermoterapia), inyectando Glutation y vitamina C.

Con la correcta combinación de estas técnicas, conseguimos eliminar la mayor parte de las lesiones con un alto grado de satisfacción de nuestros pacientes, mejorando al mismo tiempo tanto el color de la piel, como la eliminación de pequeñas arrugas y el rejuvenecimiento de la cara en general, dada la naturaleza de los principios activos empleados.
En lo referente a los léntigos se tratan de pequeños elementos bien delimitados, planos o ligeramente sobreelevados de color más oscuro que la piel circundante, que pueden llegar a adoptar un color marrón muy oscuro. Aparecen por igual en ambos sexos, en cualquier zona del cuerpo expuesta a radiación solar, aunque son más frecuentes en la cara y el dorso de las manos. El tratamiento de elección de los léntigos es la soft-crioterapia, con resultados extraordinarios.
En el caso particular de los léntigos de dorso de manos y dado que en estas las lesiones suelen ser múltiples, lo más adecuado es comenzar con uno o varios peelings de TCA libre (ácido tricloroacético), para eliminar el mayor número de lesiones al mismo tiempo, produciendo un notable rejuvenecimiento del dorso y reservando la soft-crioterapia, tan solo para las lesiones más rebeldes.
En el caso de la poiquilodermia de Civatte el enfoque terapéutico debe ser muy similar, aunque centrándonos más en la reparación del daño solar causante de la presencia de las lesiones, por lo que en estos casos el aspecto más juvenil de la piel se hace más evidente.